Obs.: Este es un post un tanto excesivo. No pido que lo lean todo, basta con la intro. Lo siento, todo es culpa de la emoción.
Era el 24 de abril del extraño pero maravilloso año 2007 y me dirigía en micro -atrasada como siempre- al Teatro Caupolicán, junto a Sergio y Nico. De pronto, un pensamiento negro me asaltó: ¿Y la entrada? Revisé y todo bien, hubiera sido demasiado loser no llevarla, pero eso es del tipo de cosas que me suceden.
Llegamos. Entramos. Galería, era una caldera ese lugar. La gente estaba ansiosa, mal que mal hacía dos años que extrañábamos a Jorge Drexler en Santiago de Chile. El show fue maravilloso, tocó canciones tanto de su último disco como de los anteriores, inclusive algunas de mis favoritas Recuerdo especialmente Don de Fluir porque la comenzó con A Rita, del maestro Chico Buarque de Hollanda (uf, qué momento orgásmico).
Antes de ello -y disculpen mi analepsis pero me aburren un poco los relatos en orden cronológico-, la audiencia vio subir al escenario a un delgadísimo desconocido para muchos. Paulinho Moska, brasileño, conocido por mí mediante el soundtrack de una peli muy mala de Penélope Cruz que, como su fan incondicional, de igual manera vi y adoré. El tipo -por lo demás bastante guapo- tenía una voz muy dulce y reconozco que disfruté las breves tres canciones que cantó, pese a la ansiedad por ver y escuchar a mi moro judío que vive con los cristianos.
En fin, no haré un comentario del concierto porque 1) fue hace mucho tiempo, 2) por lo mismo, probablemente los datos duros se confundirían con mi imaginación o con mi muchas veces errada interpretación de la realidad y 3) lo más interesante es lo que vino después. ¡¡Uh!! Al salir del Caupolicán, me entregaron un flyer de la productora que trajo a los muchachos a cantar a esta ciudad. Un flyer que, no sé por qué razón, no boté.
A la mañana siguiente, y cuando desperté en mi cama vacía aún con la emoción por lo vivido, con mucha dificultad mis neuronas poco periodísticas hicieron sinapsis: ¿y qué pasaría si trato de hablar con este señor Moska? Tenía urgencia de un entrevistado relativamente decente para la U, y cero ideas. De pronto recordé el flyer. Sin grandes expectativas, envié un mail sencillo a la dirección que no revelaré aquí, evidentemente. A los pocos minutos recibí respuesta: hoy a las 3pm en el Sheraton. Cortito.
Preparé mi entrevista en tiempo récord, averigüé datos claves del tipo y me largué al Sheraton, no sin antes contarle a Sergio de mi suerte. "Te odio", me dijo con su habitual tacto. Llegué atrasada (otro día escribiré respecto de mi puntualidad) y me encontré con los músicos de Drexler, a los que no podía dejar de saludar. "Pues nada, que Jorge anda por ahí en el hall", me dijo el contrabajista con su acentillo peninsular. Mi panza dio un brinco.
Entré con prisa y lo vi ahí a él, cerquita, a pasos de mí. En ese momento me sentí como la materialización del periodista-fan. Me acerqué y lo abracé, intentando mantener la dignidad. Lo felicité por su maravilloso show y claro, le pedí una foto. Me abrazó y le pasó mi cámara a su simpática manager. Intento recordar qué hablamos pero mi memoria de caballero lo borró todo.
Luego sería el turno de Moska. Estaba esperándome (sí, a mí) en la piscina del hotel. Tan guapo el hombre, unos ojos turquesa insoportables, un seductor en todo momento. El manager nos dio 10 minutos pero hablamos 40, y de todo. Recuerdo que me dijo: "a veces logramos conexiones especiales, como nosotros dos ahora...", recuerdo que besó mi mano, que dijo que teníamos el mismo lunar y que me agradeció la entrevista, que me elogió y que dijo que nuestra conversación fue mejor que las que ha tenido con "jornalistas formados". Yo intentaba no derretirme y ponerlo en aprietos, pero vaya que fue difícil cambiar de tema y seguir con mi labor periodística, ¡ja! Y bueno, si no me creen tengo la grabación, perras...
Interesante apronte a la profesión. Si siempre fuera así, me parecería bastante interesante. Además me saqué un siete, ¿qué mejor? Me quedo con sus reflexiones respecto de la "urgencia de vivir", lo siento igual, no podemos perder tiempo en leseras -aunque sea un lugar común-. Aquí les dejo la entrevista con mi amigo Paulinho, que me hace recordar que la suerte en mi vida a veces sí existe.
Paulinho Moska, telonero de Jorge Drexler en Chile:
“Si hay que morir, que el camino sea el placer”
Estudió teatro, cine, algo de filosofía y la música lo ha acompañado desde siempre. Ha experimentado de mil maneras con las artes y aún no está satisfecho. Y a Chile no vino solo: Paulinho Moska se presentó junto a su gran amigo y colega Jorge Drexler, con quien hizo cantar a un Caupolicán repleto que por momentos parecía una caldera.
Por María Jeannette Moya C
Un artista multidisciplinario, eso es Paulinho Moska. O como él se define, “apenas un compositor y letrista que se aprovecha de ello para intentar hacer arte sonoro” Un brasilero que se siente cada vez más brasilero, “justamente porque me siento diverso”, indica.
Y cómo no: viaja por el mundo llevando la música de su país y su propia creación, pero también le gusta recibir y aprender de los lugares que visita. “Es un desafío encarar cinco mil personas y decir les quiero regalar amor, pero también quiero recibirlo. Porque sin amor no hay nada para mí, amistad es amor, no consigo tocar en un lugar donde no lo recibo y no puedo regalarlo”.
Aunque su trabajo no es muy difundido en nuestro país, el ecléctico Paulinho Moska llega avalado por una extensa trayectoria en la que se cuentan siete discos como solista, entre otras gracias.
Sus ojos color turquesa miran con atención. Sonríe todo el tiempo, tiene gestos suaves y basta su manera de andar –como dice la canción- para adivinarlo: él es carioca. Alto, delgado, habla un exquisito portunhol con acento rioplatense.
Es un gran conversador. “Yo elijo mis palabras con mucho cuidado, me gusta ocupar la palabra indicada”. Toma su tiempo, cita autores con soltura, es de hablar pausado y mientras piensa lo que dirá mira hacia el cielo, como buscando inspiración.
De pequeño le llamaron Moska, desde el taller de teatro del colegio donde representó a uno de estos insectos voladores. “El 80% de las moscas vive 24 horas: nacen, crecen, se reproducen y mueren en un solo día. Y yo también tengo esa urgencia de vivir”, explica al diario chileno La Nación. De ahí sus tatuajes en el cuello, enormes bichos que terminaron por eclipsar a Paulinho, pues el artista prefiere hacerse llamar solo Moska.
Subversión particular
Nacido bajo el signo de Virgo el 27 de agosto de 1967, Paulo Corrêa de Araújo es el hijo menor de un periodista de Río de Janeiro y una dueña de casa bahiana: “soy y siempre fui el mimado de la casa”. Su infancia la vivió junto a sus tres hermanos -Dado, Mu y Malica- viajando entre Río y Salvador de Bahía, donde estaba su familia materna.
Muchas eran las horas de viaje estival entre Salvador y Río, pero servían para que la familia estuviera muy unida. “Era un largo viaje en auto, dos días de sándwiches, huevos cocidos y bananas”, escribe Moska en su blog.
Su interés por la música empezó temprano, y sus ídolos fueron los que hacían muchas cosas a la vez, “desde Caetano Veloso o Gilberto Gil hasta David Bowie o Björk. Ellos no se contentan solo con hacer canciones, también piensan en imagen, hacen arte con sus ropas o con la fotografía”. A los trece aprendió a tocar la guitarra junto a su hermano y a comienzos de los ochenta empezó a frecuentar los locales donde tocaban sus ídolos.
Luego de una conversación muy seria con su padre, el hijo mimado entró a la escuela de teatro Laranjeiras, donde estudió desde 1983 hasta 1985. “La verdad yo estudié porque quería hacer cine”. Y lo consiguió: actuó en varias películas como A cor de seu destino, Um trem para as estrelas y O homem do ano.
Pero no bastaba eso para satisfacer al inquieto Moska. “Yo no lo llamaría inquietud, simplemente nunca tuve el deseo de especialización. Creo que esta es mi mayor subversión ante el capitalismo”.
Artista multidisciplinario
Y así Paulo inició estudios de filosofía sin abandonar su actividad artística. Junto a algunos amigos de la escuela de teatro participó en el grupo vocal Garganta Profunda, como la película. “Éramos tres cantantes que hacíamos imitaciones de instrumentos: pam pam, tum, como una orquesta de voces”
Pero luego salió de ese grupo para hacer una banda de pop-rock y humor que se llamó Os Inimigos do Rei junto a dos colegas. “Era música de broma, humor con performance teatral, disfraces. Pero luego percibí que no era lo que yo quería hacer. El humor me encanta, utilizo mi teatralidad en concierto, pero no quería solo eso, yo soñaba con ser un cantautor, un artista contemporáneo, con mezclar las cosas”
Al parecer esa ha sido la tónica en la vida de Moska: el cambio. La prensa comenzó a hablar, a catalogarlo de rockero, y como a él no le agradan las clasificaciones ni las especializaciones, el artista decidió iniciar su carrera como solista.
¿Resultado? Siete discos editados desde 1993 hasta la fecha –que van de lo más tradicional a lo más experimental- y una carrera reconocida aunque no masiva. Además de la conducción de Zoombido, su propio programa de música transmitido por el canal Brasil, de la red Globo.
Pero la última afición de este espíritu inquieto -aunque él lo niegue- ha sido la fotografía. Durante su último tour compró una cámara digital. “Acabé obcecado por una serie interminable de autorretratos en objetos espejados de los baños de mis cuartos de hotel. Dos años después fueron 2500 fotos” Fotos que terminaron siendo fuente de inspiración para muchas canciones. “Fue una manera nueva de componer, tan nueva que terminé poniéndole por nombre mi disco nuevo Tudo novo de novo”.
- Heitor Vila-Lobos dijo que la inspiración no existía para él, que él nació inspirado. ¿Qué es para ti la inspiración? ¿Qué inspira a Moska?
- Buena frase, yo lo creo en el maestro. Creo que sobre todo es abrirse a ella mediante la mirada. Esa es la gran materia prima de cualquier creación. Y también admirar la diferencia, no basta con aceptarla. El mundo es un campo mágico de cosas divinas que están a nuestro alcance, ofreciéndonos todo el tiempo la oportunidad de ser felices, siempre. Y cuando valoras cada instante en tu vida, la mirada se pone cada vez más linda.
“El sistema del primer mundo va camino a la esquizofrenia”
En su casa de Río nunca faltó la música, siempre de estilos muy diferentes: “un hermano rockero, el otro música brasilera, la otra el pop… Mi papá con los clásicos, mi mamá con los románticos, la cocinera más con la cumbia, música más simple”
Así era su casa, que reflejaba un poco lo que Moska después, en sus giras, descubrió que era su país, un enorme y exuberante Brasil del que habla con la misma admiración con que un niño habla de su padre. “Es un país muy grande, un continente, y cada estado tiene su cultura, su lenguaje, su comida, su música”
Le interesa el tema, habla de Brasil con el amor de quien lo conoce de norte a sur. “En mi país hay un sincretismo espectacular, allí conviven la sangre africana con la europea y la indígena, no nos falta nada, tal vez un poco más de oriente, lo asimilaríamos muy bien.”
- El tuyo es un país muy amigable…
- Sí, tiene toda esta mezcla y también tiene el sol, que hace la diferencia. La playa, el sol, el sentido de fiesta que tenemos.
- … pero también tiene muchas desigualdades.
- Sí, somos un país muy sufrido, con mucha pobreza, mucha diferencia social. Pero algo nos hace explotar de alegría una vez por año: el carnaval. Ya se ha vuelto una fiesta muy capitalista, pero me encanta que el pueblo pase todo el año preparándose para esto. No conozco una fiesta en el mundo que tenga una alegría tan enorme como el carnaval.
De pronto, un desfile de músicos con sus instrumentos se apodera de los pasillos del Sheraton de Santiago, gritan y acarrean pesados contrabajos y ocultas guitarras en estuches negros. Tomándose todo el tiempo del mundo, Jorge Drexler saluda gente y posa para las cámaras de algunos fanáticos, pese a que está retrasado y su manager le avisa que puede perder el avión rumbo a Buenos Aires, su próximo alto en la gira promocional de Doce segundos de oscuridad.
Si bien huye de las generalizaciones, Moska cree que el papel de la cultura latinoamericana, y particularmente de la música, es mostrar al mundo el futuro. Y, como si nada, lanza toda una teoría: “El sistema del primer mundo está destinado a explotar, a la esquizofrenia”
“La idea de lo multidisciplinario -que pensadores europeos como Edgar Morin ya trabajan-, en Latinoamérica es una realidad. Los que tienen el poder sueñan con lo que ya existe acá: una mezcla de etnias, que la gente salga a la calle haciendo fiesta, sueñan con un pueblo valiente. Así somos nosotros. Sueñan con la selva, con el aire que ya les empieza a faltar, con agua. Y acá tenemos todo eso”
“Penélope Cruz es divina, pero no canta nada”
Paulinho expresa su opinión con desenfado. No le importa declararse contrario al sistema imperante y que, en su opinión, no nos lleva a nada bueno. No le gusta la banalización de la cultura y declara que nunca aspiró a la masividad.
- En ese contexto, ¿qué significó para ti haber participado en la banda sonora de Las mujeres arriba, una producción de Hollywood donde ni siquiera cantabas tu música? Eran canciones tradicionales, casi los lugares comunes de la música popular brasileña.
- Bueno, mi trabajo exactamente no consiste en canciones tradicionales pero a veces hago conciertos solo de samba, de valsa, de choro -que es como nuestro jazz- y me encantan. Yo tengo ese gusto por la tradición y muchos amigos lo saben. Entonces cuando Fina Torres, la directora, estaba en Río grabando con Penélope Cruz y los músicos, buscaban un cantante porque el protagonista de la película era cantante, pero Murilo Benício (El clon), el actor, es una tragedia cantando. Es un actor espectacular, él haciendo comedia es uno de los mejores de mi generación, pero uf, ¡Murilo no canta nada!
No siente que su participación en esta cita sea una contradicción vital. Para él fue una buena experiencia. “No tuve esa sensación de Hollywood, yo fui invitado por una venezolana que hacía una película, que me pagó por hacer la grabación”
Y, como detalle, añade que conoció a Penélope Cruz. Nada mal. “Intentamos cantar porque había una canción que era en dúo pero ella ¡tampoco canta! Es una actriz divina, linda, pero en canto, nada. Yo tengo la grabación para probarlo, lo intentamos mucho pero no se pudo”.
Quiere fumar. Toma su cajetilla brasileña, con una de las publicidades antitabacos. “Al menos está por detrás. Ví la publicidad de Chile y está por todos lados. Yo tengo un amigo de casi sesenta años que carga una fotografía suya y escrito con su propia mano dice Yo fumo desde los trece años y estoy muy feliz. Gracias. De algo hay que morir finalmente y si vamos a morir que el camino sea el placer.
El trío del Mercosur
Drexler, Johansen y Moska -el hedonista- son tres músicos afines a quienes la casualidad unió. En su último concierto en Chile, Jorge Drexler contó que una fan uruguaya le entregó su disco a Paulinho Moska quien, tiempo después, lo llamó para pedirle grabar una canción de su autoría. Comenzaron a hablar y Paulinho invitó a Jorge a su casa.
“Cuando Drexler fue a mi casa en Río hablamos mucho de los amigos: tengo que presentarte a este tipo, a este artista, a este pintor… Y ahí Jorge me dijo que tenía que conocer a Kevin Johansen, un tipo nacido en Alaska, criado en Argentina, vivió en Nueva York, muy loco. Escribe en castellano e inglés, canta grave y es muy bien humorado”
Solo después de algunos meses Paulinho fue a Montevideo, donde también estaba Johansen. Se presentaron juntos algunas veces en Uruguay, Argentina y España. “Tocar con ellos es genial”. Y así, entre camarines, nació la amistad.
“Ese mismo año Drexler nos invitó a Kevin y a mí para ir a La Paloma, una playa de Uruguay, y compartimos una casa con nuestros hijos y mujeres, sin música, vacaciones, surf, comida, descanso. Alguna guitarrita en la noche pero sin trabajo.”
Hoy son tres amigotes y Moska continúa revelando algunas intimidades. Según él, Drexler es el tímido, melancólico y metódico, mientras Kevin es más contenido pero con un humor a toda prueba. “Y yo creo que estoy a medio camino, me encanta la melancolía, estar contenido, y también me encanta el humor”
Pero la historia de este trío, que nació como una broma, ya se ha hecho popular. La crítica empezó a hablar, a decir que juntos tenían una afinidad especial, mientras ellos bromeaban: “somos el trío del Mercosur y vamos a dominar el mundo. Alguien se lo dijo a un periodista y ahora en cualquier parte me lo mencionan”.