Mi pequeña intervención en el espacio público 2.0

mercredi 25 juin 2008

Ejercicio - La entrevista imposible

Esto es un trabajo para la universidad pero en formato radio, así que la tengo que modificar, quitarle un poco el arte... reducir, sintetizar...

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Heitor Vila-Lobos, músico y compositor brasileño:

“Ese asunto de la inspiración no existe en mí, yo nací inspirado”.

Cuatro de la tarde y Botafogo arde bajo el sol de un Río de Janeiro que continua lindo, como dice la canción. El cementerio São João Batista es una meca tanto para los deudos como para el visitante que desea homenajear a gente de la talla de Machado de Assis, Chacrinha o Tom Jobim, o para quien simplemente busca una buena panorámica del Corcovado. La tumba de Heitor Vila-Lobos es el lugar de la cita y el prolífico compositor, el más ecléctico entre los eclécticos, se ve bastante bien pese a llevar cuarenta y ocho años bajo tierra.

Por Mary Jane

Entrevistador: - ¿Cómo va todo al otro lado del charco, maestro?

Vila-Lobos: - Todo bien, querida, hacemos música con algunos amigos… Hay un chico de Liverpool que es todo un prodigio, déjame decirte. Pero acá hacemos música de la buena, no como lo que se hace ahora, especialmente en mi país. Estoy tan desilusionado, Brasil está siendo dominado por la mediocridad.

E.: - ¿Y cómo sería la música buena, entonces?

V.L.: - Tiene que ser diversa, como lo que hice yo a principios del siglo veinte. A mí me gustaba mezclar cosas, música docta con sonidos selváticos, por ejemplo, y jamás quise seguir lo tradicional. Yo aprendí de música gracias a mi padre, violonchelista aficionado, pero la sangre indígena de mi madre me hacía experimentar, entonces viajé al interior de mi país para enriquecer mi creación. Yo estuve una vez en la escuela de música pero me equivoqué, pones un pie en la academia y cambias para peor.

E.: - “¿Por qué cada vez que escucho una pieza musical que no me gusta es de Vila-Lobos?”, se preguntó Stravinsky. Al parecer, su música no lo convencía del todo. ¿Qué piensa usted de estas declaraciones?

V.L.: Es lógico que no gustes a todos, y más aún cuando eres un vanguardista como yo. Recuerdo que en mi primer viaje a París, cuando yo ya era reconocido en Brasil, improvisé al piano frente a Jean Cocteau y me odió, dijo que mi música no era más que una emulación de los estilos de Debussy y de Ravel. Me sentí muy mal pero seguí trabajando y el reconocimiento llegó, en parte gracias a que el pianista Arthur Rubinstein me llevó a Estados Unidos, donde fui todo un éxito.

E.: ¿Qué nos diría usted, don Heitor, de “Mindinha”, su segunda esposa?

V.L.: Yo venía de un divorcio difícil con mi primera mujer, la pianista Lucília Guimarães. Fue entonces cuando llegó a mi vida ese ángel que me acompañó en todo lugar y que estuvo conmigo hasta el fin de mis días e incluso más allá, porque ella fue la fundadora y directora del museo Vila-Lobos, dedicado a conservar y difundir mi obra. Arminda es la mujer de mi vida, y a ella dediqué gran parte de mis Bachianas brasileiras.

E.: Señor Vila-Lobos, a usted el cáncer lo mató a los 72 años por causa de su adicción a los puros. ¿Si pudiera retroceder el tiempo, dejaría de fumar?

V.L.: Definitivamente no. No sé cuánto quieres vivir tú pero yo creo que los 72 años son una buena edad para morir. Alcancé a hacer todo lo que quise y no molesté a nadie. Además, los puros me daban estilo. ¡Ay, recuerdo tantas noches de juerga en París!

E.: - ¿En qué se inspira usted para crear?

V.L.: - ¡Ah no, no! Ese asunto de la inspiración que viene no existe en mí, yo nací inspirado. Es simple, o hago una cosa buena o hago una porquería. Para crear, yo solo obedezco a mi instinto, que no me permite encasillarme en ningún estilo, lo que muchas veces criticaron en mí, una excesiva libertad, pero ¿cuándo es excesiva la libertad? Mi música es natural, como una cascada, y yo creo que ello me hizo ser el compositor erudito más prolífico de mi tiempo.

E.: - ¿Cuántas piezas musicales compuso usted?

V.L.: - Ah no estoy seguro, serán más de mil… Pregúntales a mis biógrafos o a mis admiradores, ellos saben más que yo.

E.: - ¿Y por qué lo hace, por qué compone, señor Vila-Lobos?

V.L.: - Porque considero que mis obras son cartas que escribo a la posteridad, sin esperar respuesta. Sé que a través de mis creaciones puedo trascender, a pesar de estar muerto hace 48 años. Soy, sin duda, el mayor compositor clásico de las Américas y muy respetado en mi tierra, donde incluso se hizo en el año 2000 una película llamada Vila-Lobos, una vida de pasión.

E.: - ¿Cuál es, diría usted, su mayor obra?

V.L.: - Tú esperarás que yo te diga que mi mayor obra son las nueve Bachianas Brasileiras que hice en honor a Johann Sebastian Bach, o los Choros, pero yo te digo que lo mejor que hice como músico fue lograr que en 1930 mi amigo Getúlio Vargas introdujera el canto coral en la enseñanza secundaria en todo mi país. ¡Eran tan hermosos esos conciertos al aire libre con miles de pequeños estudiantes!

E.: - Veo que le agradan mucho los niños. Siempre se habló de su infertilidad, pero hace poco se ha dicho que usted tuvo una hija en Alemania, que hoy tiene 70 años. ¿Qué hay de cierto en ello?

V.L.: - No voy a responder a esa pregunta y la entrevista se acabó, tengo que volver a mi lugar porque estamos trabajando con Vinícius de Moraes en una nueva pieza, lástima que solo la podrás escuchar después de las trompetas del juicio final, ¡ja!

Vila-Lobos enciende un habano y se aleja a paso lento, silbando O trenzinho do caipira, una de sus más famosas obras, mientras se pone el sol y mi alma canta, porque veo Río de Janeiro.