Periodistas en el celuloide
Reconozco que no me gustaban las películas de periodistas. Solía sentir que estos servidores de la información no son personajes tan interesantes como para elaborar una narración de hora y media o más respecto de sus existencias. En realidad, nunca quise saber de ellos, porque mi idea es que mientras más inadvertido pasa el periodista, más completa es la información.
De pronto, al ver más de estas películas, me di cuenta de que los periodistas y su entorno son más que recurrentes en el cine, sobre todo hollywoodense. “Esto ha de obedecer a alguna muy buena razón”, pensé. Porque, según datos del prestigioso Washington Post, los periodistas han aparecido en cerca de mil películas. ¡Mil películas! Y como la misma publicación destaca, cabe recordar que hasta el propio Clark Kent, el súper hombre de las mallas, era un reportero.
Pero esta imagen del periodista como un súper hombre no es realmente frecuente en el cine. Usualmente se les ve como personas que no saben o no pueden decidir entra vivir una vida normal o dedicarse a su profesión, puesto que compaginar ambas alternativas no parece ser una opción válida. Esto deriva ya en profesionales plenos, ya en hombres y mujeres de familia. No hay término medio.
Broadcast News es un excelente ejemplo. En este filme Aaron (Albert Brooks), el periodista hábil pero poco agraciado, decide mudarse de trabajo y de ciudad, renunciar al enorme éxito que pudo tener trabajando en una gran cadena de televisión para irse a una más pequeña y así tener tiempo para formar una linda familia, de esas con niños, jardín y perro. Por su parte Jane (Holly Hunter), la histéricamente brillante productora ejecutiva, acepta dar el salto a una enorme cadena de televisión, lo que le significa un terrible costo personal. Ella se transforma en una profesional exitosa, y en una persona sin vida.
Asimismo, en The Paper, el protagonista Henry Hacket (Michael Keaton) no puede acompañar a su mujer (Marisa Tomei) en su embarazo por causa de su absorbente trabajo y de su perfeccionismo extremo. Y la misma mujer, periodista con una gravidez avanzada, también sale a reportear. Increíble.
Ya en Live from Baghdad, los periodistas exponen sus vidas de manera suicida para cubrir un enfrentamiento, en All The President’s Men se cuenta la historia de los célebres Woodward y Bernstein, que arriesgan su propia seguridad al enfrentarse al gobierno de Nixon y en The Front Page un hombre renuncia al amor por adueñarse de la noticia y por tener la mejor primera plana. Todos alcanzan la gloria profesional, y no así la personal. Y las mujeres en películas de periodistas son un caso aparte: histéricas, perfeccionistas, brillantes, trabajólicas, insatisfechas y emocionalmente inestables. Todas unas Lois Lane.
Espero que lo que nos muestra el cine sean sólo estereotipos, que no todos los periodistas sean infelices, ni alcohólicos, ni maniáticos. Supongo que hay gente que logra congeniar su vida privada y su éxito profesional, aunque sí creo que siempre hay que renunciar a ciertas cosas para obtener otras. Eso se verá con el tiempo.
Ahora sé que el mundo de los periodistas es casi tan interesante como lo que ellos cubren, que tal vez la razón porque éstos han sido tan frecuentemente llevados a la pantalla grande es que su mundo es muy diverso y que las situaciones límite son parte de cotidianeidad, cualidad de la que no pueden jactarse los sociólogos, ni los químicos, ni los ingenieros.
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