Probablemente una de las despedidas más desgarradoras es la del niño con el vientre de la madre. No lo recuerdo, seguramente usted tampoco, pero por algo todos los niños lloran con tanta desesperación al momento del alumbramiento. Aunque me parece que los niños son bastante llorones: lloran cuando tienen que ir al Kindergarten o al colegio por primera vez, cuando se despiden de sus madres. Inocentes, si supieran cuántas veces más deberán despedirse de estas santas figuras a lo largo de sus vidas. Y corsés como el manual de Carreño, la moral o la buena educación no te permiten tanta lágrima ya de mayor.
De niños comenzamos a entrar en el rito de las despedidas. Basta señalar uno que se conmemora año a año, en distintas fechas para distintas personas: el año nuevo. Bailamos y carreteamos para despedir el año viejo, con todos sus males, y para recibir un futuro incierto que soñamos mejor, pues queremos creer que nada puede ser peor que lo que ya fue.
Una de las despedidas más cursis y desagradables que recuerdo es la de cuarto medio. Alumnos, apoderados, profesores, todo el mundo lloraba y recordaba lo bueno que era ese curso. Todos son buenos cuando se van. Los –a estas alturas- ex compañeros se abrazaban repetidamente prometiendo mantener el contacto a como diera lugar, pero sabiendo en el fondo que eso no era más que palabras de buena crianza: el contacto se pierde irremediablemente, para bien o para mal.
No me gusta cuando los grupos de música anuncian con bombos, platillos y cotillón su gran despedida gran y a poco andar los vemos juntitos de nuevo. Nunca más veremos juntos a Los Prisioneros, ni a Los Tres, ni The Police. Mentira, cuando se les acaba el dinero o las ganas de carretear o, seamos más amables, les da nostalgia de sus tiempos mozos, se reúnen como si nada y la entrada al concierto de despedida que guardabas con una dedicación fetichista ya no te sirve para alardear frente a tus amigos.
Hay despedidas alegres, como la de soltero. A no ser, claro, que llegue la novia en pleno strip tease, o que en ese momento el novio se arrepienta de tan drástica decisión. Cuando viajas, o alguien de tu familia sale de la casa por un tiempo –teniendo la certeza de que volverá más temprano que tarde, o al menos creyendo eso- las despedidas son alegres. El adiós a los recién casados también lo es, insisto, siempre pensando en que regresarán. Nadie es tan pesimista como para creer que una ola gigante arrasará con la isla del sudeste asiático donde pasarás tu luna de miel soñada, pero a veces la realidad supera la ficción.
Había mucha gente en el aeropuerto. Se acercaba la detestable Navidad y las personas se encontraba sin cesar, se abrazaban tan intensamente como yo los envidiaba. Te veías guapo con el sweater que te regalé... Llegamos ultra atrasados después de nuestra última cena en algún bandejón central de Vitacura: maní, empanadas y mote con huesillo. "Si tienes tiempo te invito a un smoothie", dije con voz metálica. No tenías tiempo pero fuimos igual. Fue el smoothie más asqueroso que he tomado en la vida, wild strawberry demasiado dulce y demasiado descontextualizado. De cualquier manera brindamos por nosotros y por todo lo lindo, que era mucho.
No podíamos hablar. Yo no podía ni mirarlo, en mi cabeza solo había una frase demasiado apocalíptica que leí alguna vez: Nunca mais seus lábios, sua língua... Nunca mais sua ardida boca de cebola crua... " ¿Estás feliz porque vuelves a casa?", pregunté haciéndome la chistosa. "No -me dijo con tanta convicción que me sentí ridícula-, tengo pena", y solo se me ocurrió un bone-crushing hug, nuestros favoritos. La gente nos miraba con compasión, era horrible.
Me acordaba de esa canción de Dido (que después cantara Sarah Brightman), I don't wanna move a thing, it may change my memories... Memories, recuerdos de aventuras, confesiones, bailes y risas, juegos de pelota, canciones desafinadas a medianoche, platos raros que cocinabas para mí y tantas otras cosas, más buenas que malas, claro. ¿Cachai que llega un momento en que todas las canciones te llegan? Ja...
Dije alguna estupidez, seguro, pero lo que en verdad quería era preguntarte si nuestro hasta pronto estaba más cerca de la sinceridad o de la cortesía. No lo hice, adivinaba la respuesta Y es penca porque me encantaría tocarte de nuevo y sentir tu olor. "Chau Mari, te quiero", y el avión se fue pa'l norte. Farewell Run Run, quién sabe lo que el futuro tiene para nosotros.
Subí a mi auto y comenzó a cantar Avril Lavigne. When you're gone, aullaba la blonda... Y lloré de rabia, perdón, nunca quise enlazar el recuerdo de nosotros a esa mina.
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